El panameño que innova con fincas verticales

El cambio climático obligó a David Proenza, agricultor y CEO de la empresa Urban Farms, a reinventarse e invertir en investigación para producir alimentos en un ambiente controlado mediante el sistema de finca vertical. Hoy cuenta con un proyecto piloto en Panamá, cuyas primeras pruebas comenzaron el 13 de febrero de 2019, en tres rubros: piña, sandía y banana.

El empresario explica que a partir de 2010 comenzó a llover excesivamente durante todo el año en el país canalero, por lo que los agricultores tuvieron que desembolsar mucho dinero en los cultivos, hecho que los llevó a revisar qué mecanismos se estaban utilizando alrededor del mundo para mejorar la producción.

Al leer un artículo sobre la granja vertical del profesor Toyoki Kozai, de la Universidad de Chiba, en Japón, un grupo de agrónomos viajaron a ese país en 2012 para reunirse con especialistas y conocer más sobre esta forma de cultivo.

Es así que en 2013 crearon el Centro de Investigaciones y Desarrollo, para conocer todo lo que significaba poner en marcha un proyecto de este tipo en Panamá, hecho que requirió más de 1.6 millones de dólares (mdd) en investigación, desarrollo e innovación (I+D+I). Después de cuatro años de investigación, no sólo en la parte  de producción, sino también en la estructuración del modelo de negocio, empaque y comercialización, y una inversión adicional de 2 mdd comenzaron a vender sus productos al mercado local panameño a finales de 2017.

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La finca vertical permite producir los 365 días del año y reducir el uso de agua en 85%, al utilizar dos sistemas de cultivo: raíz flotante, en el que las raíces de la planta se colocan en una solución de agua y el alimento que necesitan para crecer, y el de introducir la sustancia nutritiva en la raíz y ponerla en contacto con el agua para que la absorba cuando lo requiera.

Los alimentos se cultivan en un espacio herméticamente cerrado en multiniveles, maximizando el uso del suelo y evitando así su exposición a plagas, por lo que no usan pesticidas ni químicos. Para estimular el crecimiento de las plantas utilizan diferentes combinaciones de luces LED dependiendo del tipo de alimento, debido a que algunos requieren un ambiente específico en cuanto a temperatura y humedad, controlándose todos los procesos a través de un software.

Al producir de piso a techo maximizan el uso del espacio. Por ejemplo, 1,000 m2 equivalen a 16 hectáreas a campo abierto, y cinco hectáreas en invernaderos. Urban Farms produce alrededor de 2,200 lechugas al mes, que comercializan en bolsa en corte fresco y mezcla de distintos tipos de lechuga, además cultivan hierbas aromáticas y pepino, y en un futuro, fresas.

Proenza comenta que debido al éxito de la empresa en Panamá, a finales de 2018 firmaron un acuerdo para desarrollar una finca vertical de 4,000 m2 en Suiza, con una inversión de 4.5 mdd, y están negociando otras en Estados Unidos, con un costo de alrededor de 5 mdd cada una. Asimismo, se encuentran en proceso de establecer algunas en Latinoamérica.

TOTAL TRANSPARENCIA

Este empresario también trabaja en un proyecto de blockchain para hacer más eficiente la agricultura en Latinoamérica. Proenza cuenta que, mientras desarrollaban el proyecto de Urban Farms, estuvieron buscando esta tecnología como una conectividad de la finca vertical, y se dieron cuenta de que es una herramienta que puede ayudar a todo el sector.

Para poner en marcha el proyecto, el empresario se asoció con el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) y el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF), además de que se encuentra en negociaciones con otras instituciones multilaterales.

Entre los beneficios de Food Chain, como nombró a la empresa que fundó para desarrollar este sistema, están: eliminar a los intermediarios y negociar directamente con el comprador; los agricultores pueden recibir un adelanto para la producción, pagos más rápidos y seguros, reducción en costos de operación, asistencia técnica a los productores para maximizar la producción y total transparencia, ya que la herramienta no permite alteraciones en los acuerdos.

“Como los agricultores no tenemos transparencia en el proceso, vimos que el blockchain sí la tiene y que puede eliminar intermediarios e ir directo a los compradores. Con esta tecnología, por primera vez en décadas, y tal vez en siglos, el productor va a tener el poder y esto va a transformar al sector”, afirma Proenza.

Aproximadamente en mayo, el equipo del empresario canalero analizará los resultados para realizar ajustes y posteriormente llevar el modelo a Costa Rica y adicionar tres productos nuevos, para posteriormente implementarlo en toda Latinoamérica en agosto de este año.

Por Mirna Gutiérrez  

Forbes Cenatroamerica

Forbes Staff

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